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31 años defendiendo la vida: Cardique y la nueva era ambiental que transforma el norte y centro de Bolívar

Hay instituciones que nacen para administrar, y otras que nacen para proteger lo esencial. Hace 31 años, Cardique comenzó su camino como guardiana del equilibrio natural en el norte y centro de Bolívar, asumiendo una misión que con el tiempo se convertiría en una causa colectiva: defender la vida a través del cuidado del territorio.

Desde entonces, el río Magdalena, el Canal del Dique, ciénagas, humedales, manglares y comunidades han sido testigos de una transformación silenciosa pero profunda. Cada proyecto ejecutado, cada decisión tomada y cada alianza construida ha tejido una historia donde la participación ciudadana y la planeación estratégica no son discursos, sino herramientas reales para cambiar el destino ambiental de la región.

Hoy, bajo el liderazgo de Angelo Bacci, Cardique avanza hacia una etapa que combina experiencia, acción y visión de futuro. No se trata solo de intervenir el territorio, sino de comprenderlo y anticiparse a sus desafíos. Las relimpias de reservorios, las obras hidráulicas, la protección de taludes y las canalizaciones se convierten en escudos frente a las amenazas climáticas y en símbolos de resiliencia para las comunidades.

Pero esta nueva era ambiental también florece desde la innovación y el conocimiento. El Observatorio Ambiental Inteligente surge como un centro estratégico donde la tecnología, el monitoreo y el análisis de datos permiten anticipar riesgos y fortalecer la toma de decisiones. A la par, el lanzamiento de Ambientic marca un hito al convertir a la ciudadanía en protagonista de la defensa ambiental, creando una red colectiva que conecta instituciones y comunidades para actuar con rapidez ante posibles afectaciones al entorno.

La transformación también se siembra desde la educación y el territorio. El programa Iguanas de educación ambiental forma nuevas generaciones conscientes del valor de la naturaleza, mientras iniciativas como las estufas eficientes mejoran la calidad de vida rural, reducen emisiones y disminuyen la presión sobre los bosques.

En el campo, los sistemas silvopastoriles representan una apuesta por armonizar producción y conservación, demostrando que la ganadería puede coexistir con la biodiversidad. A ello se suma la entrega de viveros bioclimáticos, verdaderas fábricas de vida que fortalecen la restauración ecológica y permiten avanzar en procesos de reforestación que recuperan suelos, protegen fuentes hídricas y devuelven equilibrio a los ecosistemas.

Así, Cardique llega a sus 31 años no como una entidad que mira hacia atrás, sino como una fuerza que impulsa el futuro. El 2026 se proyecta como un capítulo decisivo donde la tecnología, la participación ciudadana y la sostenibilidad convergen para escribir una nueva historia ambiental.

Porque el legado de Cardique no solo está en las obras visibles, sino en la conciencia sembrada y en cada árbol que vuelve a crecer, en cada comunidad que aprende a cuidar su entorno y en cada acción que recuerda que proteger el medio ambiente es, en esencia, proteger la vida misma.

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