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A los 100 años, la Cámara de Representantes exalta la vida ejemplar de Simón Bossa López

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-. Esta condecoración, promovida por el representante Dolcey Torres y el senador Camilo Torres, no solo honra sus cien años de vida, sino la rectitud con la que Simón Bossa López entendió el poder: como servicio y la política como un deber ético.

Hay vidas que no se miden en años, sino en la huella que dejan en la historia. La de Simón Bossa López, al cumplir cien años, es una de ellas: un recorrido luminoso por la vida pública, guiado siempre por la ética, la mesura y un inquebrantable sentido del deber.

En una ceremonia íntima y profundamente significativa, celebrada en el Hotel Radisson de esta ciudad, fue condecorado con la Orden de la Democracia Simón Bolívar en el grado Gran Cruz Oficial, rodeado del afecto de su esposa, Leonor Castillo, sus hijos Simón, Rocío, Rodolfo, Roberto y María, sus nietos, y un reducido grupo de asistentes que, más que testigos, fueron cómplices de un momento histórico.

Acompañaron este homenaje el representante a la Cámara por el Atlántico, Dolcey Torres, el recién elegido senador liberal Camilo Torres Villalba y el jefe de Protocolo de la Cámara de Representantes, Plinio Ordoñez, gestores de una exaltación que trasciende el acto formal para convertirse en un reconocimiento moral.

Fue su hijo, Rodolfo Bossa, quien, con emoción contenida y profundo respeto, dio voz al significado de este instante:

“Este no es un acto menor. Es un momento que convoca a la reflexión y al reconocimiento sereno de una vida consagrada al servicio público con decoro y señorío. No es un tributo tardío, sino la culminación simbólica de una existencia guiada por la rectitud”.

Y es que, a lo largo de cinco periodos consecutivos como congresista, Simón Bossa López entendió la representación popular no como privilegio, sino como una responsabilidad ética. Su ejercicio legislativo fue siempre un espacio de deliberación racional, orientado al interés general, lejos de la estridencia y de cualquier forma de vanidad política.

“Su actuación —expresó su hijo— se fundamentó en el respeto por la institucionalidad, en la defensa de los principios democráticos y en la convicción de que la legitimidad del poder descansa en la conducta moral de quien lo ejerce”.

Abogado de la Universidad de Cartagena, juez municipal en Tolú (Sucre) y Soplaviento, profesor universitario y dirigente liberal, su trayectoria fue tan amplia como coherente. Representó al departamento de Bolívar con conocimiento profundo de su realidad y un compromiso genuino con su gente, alcanzando las más altas responsabilidades dentro de su partido, incluida la presidencia de la Dirección Nacional Liberal durante el gobierno de Julio César Turbay.

Pero más allá de los cargos, fue su manera de ejercerlos lo que definió su legado.

“Si hoy se honra su nombre —continuó Rodolfo— no es solo por lo que hizo, sino por cómo lo hizo. La honestidad, la coherencia y la sobriedad fueron principios rectores de su vida. En tiempos donde la política enfrenta cuestionamientos, su vida demuestra que la ética no es un adorno del poder, sino su fundamento más legítimo”.

Ese mismo carácter se reflejó en su vida privada. En el hogar, fue guía sin imposiciones, ejemplo sin artificios, maestro silencioso de una verdad esencial: la dignidad es el mayor patrimonio del ser humano.

En uno de los momentos más conmovedores del acto, su hijo abrió un paréntesis para interpretar el sentir de su padre y extender este reconocimiento a quien ha sido su compañera de vida:

“Este homenaje también pertenece a su otra media y superior mitad: Leonor, su fiel compañera en todas las batallas, soporte y aliento en cada momento”.

A sus cien años, Simón Bossa López recibe esta exaltación con la serenidad de quien ha vivido conforme a sus principios, y con la certeza de que el tiempo, cuando camina de la mano de la rectitud, termina por hacer justicia.

Su nombre queda así inscrito no solo en los registros de la historia política, sino en la memoria ética de un país que aún necesita referentes como el suyo.

Porque hay hombres que ocupan cargos…

y hay otros, como él, que dignifican la historia.

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