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Cartagena despidió a “El Bony” como a los grandes: tambores, gratitud y un legado que no muere

Cartagena no lloró en silencio. Lo hizo cantando, bailando y golpeando el tambor como se despide a los grandes. Al compás de la música que marcó su vida, el mundo le dio el último adiós a Bonifacio Ávila, El Bony, ese hombre que fue puño, corazón y calle, y que supo ganarse el respeto arriba del ring y el cariño eterno fuera de él.

El vallenato, la champeta y la salsa —ritmos de esquina, de barrio y de fiesta— envolvieron la despedida de quien muchos llamaron héroe. No fue un adiós solemne, fue una celebración de vida: porque así se honra en el Caribe a quienes dejan huella.

Fallecido el lunes 5 de enero en un hospital de la ciudad, El Bony fue homenajeado este miércoles en el coliseo Chico de Hierro, escenario simbólico para un guerrero del deporte. Allí se encontraron abrazos rotos, recuerdos vivos y palabras cargadas de gratitud. Familiares, amigos, colegas, representantes del deporte y medios de comunicación se reunieron para decir gracias. Entre ellos, el director del IDER, Campo Elías Teherán, elevó su voz para reconocer el legado de un hombre que nunca se rindió.

Sus hijos hablaron desde el amor y la herencia moral, agradeciendo al padre que les enseñó con el ejemplo; su esposa, compañera de casi medio siglo, se despidió del hombre con quien caminó la vida entera, entre luchas, victorias y sueños compartidos.

Quienes lo conocimos de cerca no solo recordamos al boxeador ni al empresario, sino a un gran ser humano, siempre dispuesto a tender la mano. El Bony tenía tiempo para todos. En lo personal, cuando me iniciaba como periodista, fue guía y maestro informal, un gentleman en cada cobertura de playa, respetuoso con el oficio, protector de los suyos y consciente del valor de la palabra. Nunca negó una orientación, nunca alzó la voz donde cabía la comprensión.

Luego, el viaje final. El féretro avanzó hacia el cementerio Jardines de Cartagena sobre una máquina del Cuerpo de Bomberos, escoltado por una caravana interminable de motos y vehículos. No era un cortejo cualquiera: era el pueblo acompañando a uno de los suyos, rindiendo respeto a quien nunca se fue del barrio ni del afecto colectivo.

Hoy Cartagena despidió a un grande del deporte y a un símbolo de su identidad popular. Boxeador pionero, referente del turismo local con su emblemático Kiosko El Bony, hombre de manos fuertes y corazón generoso. Su ausencia deja un vacío profundo, pero su nombre queda sembrado en la memoria de la ciudad, como esos golpes certeros que no tumban, sino que levantan.

Porque El Bony no se fue: se quedó en la música, en la calle, en la enseñanza… y en la gratitud de quienes tuvimos el privilegio de conocerlo.

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