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Cartagena despidió el año como solo saben hacerlo las ciudades eternas: el Centro Histórico desbordado de vida, luces y multitud

La despedida del año en Cartagena fue apoteósica.

La ciudad, vestida de luces y memoria, se convirtió en un solo latido que desbordó el Centro Histórico. Miles de personas caminaron sus calles centenarias como quien recorre un ritual antiguo: entre risas, abrazos, campanas imaginarias y promesas susurradas al oído del tiempo.

Las murallas fueron testigo de un mar humano celebrando la vida, el cierre de un ciclo y la esperanza intacta de lo que vendrá. La brisa del Caribe se mezcló con la música, con el eco de las voces, con el brillo de los ojos que entendieron que despedir el año en Cartagena es más que una fiesta: es un acto de fe colectiva.

La noche no alcanzó para contener tanta emoción. El Centro Histórico ardió en alegría, en pasos compartidos, en historias que se cruzaron bajo el mismo cielo. Así, Cartagena dijo adiós al año que se va: con el alma llena, el corazón en alto y la certeza de seguir siendo escenario de los grandes encuentros humanos.

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