En el barrio La María, donde las casas guardan historias detrás de cada puerta y las calles conocen los nombres de quienes las caminan, había una mujer que poco a poco se fue volviendo invisible.
María Contreras, de 80 años, vivía allí. Pero no vivía realmente: resistía.
Su historia no empezó en las redes sociales, aunque fue allí donde muchos la conocieron. Comenzó mucho antes, en el silencio de los días largos, en la ausencia de visitas, en la fragilidad de una vejez sin compañía. Los vecinos observaban con preocupación cómo la soledad se convertía en abandono y cómo el tiempo parecía pesar más cuando nadie lo comparte.
Hasta que alguien decidió no mirar hacia otro lado.
Una denuncia comunitaria encendió la alerta y rompió el círculo del olvido. Entonces llegó el equipo de la Secretaría de Desarrollo Social de la Alcaldía de Cartagena, que encontró a María viviendo en condiciones que ningún adulto mayor debería enfrentar. Lo que siguió no fue solo un procedimiento institucional, sino un acto de humanidad: escucharla, preguntarle qué quería, respetar su decisión.
María habló. Y pidió ayuda.
Hoy, su rutina es distinta. Se levanta con desayuno servido, comparte espacios con otras personas y vuelve a sentir algo que parecía perdido: cuidado. Ahora reside en el hogar geriátrico San Pedro Claver, en Bayunca, donde recibe atención integral y acompañamiento permanente.
“Yo no tenía familia, ni nadie que me atendiera. Me siento muy bien aquí”, dice con la sencillez de quien no pide mucho, pero agradece todo.
Su historia es una herida abierta que recuerda una verdad incómoda: el abandono de adultos mayores sigue existiendo, incluso en barrios donde todos creen conocerse. Como lo expresó la secretaria de Desarrollo Social, Ana Milena Jiménez, las familias son el primer círculo de protección y abandonar o maltratar a un adulto mayor no solo es una falta moral, sino un delito.
Pero también es una historia que habla de esperanza.
Durante la administración del alcalde Dumek Turbay Paz, la atención a adultos mayores ha tomado un papel prioritario. María no es un caso aislado: 54 personas mayores han sido rescatadas de situaciones similares gracias al trabajo articulado entre programas sociales y el apoyo decisivo de la ciudadanía.
Porque cuando la comunidad denuncia, la ciudad responde.
Más de 4 mil adultos mayores reciben atención integral en los Centros de Vida del Distrito, mientras otros 5 mil acceden a apoyo alimentario. Espacios que buscan algo más que asistencia: devolver dignidad, compañía y sentido de pertenencia a quienes ya entregaron décadas de vida a Cartagena.
La historia de María Contreras no es solo un rescate institucional. Es un recordatorio colectivo.
Que la vejez no debería ser sinónimo de abandono.
Que la dignidad no tiene edad.
Y que a veces basta con que alguien alce la voz para que una vida vuelva a comenzar.
