-. Por primera vez en Colombia, la reincorporación tiene nombre propio y rostro femenino.
Con la sanción de la Ley 2487 del 17 de julio de 2025, Colombia da un paso histórico hacia una paz más justa e inclusiva, reconociendo que las mujeres que dejaron las armas merecen algo más que una segunda oportunidad: merecen un nuevo comienzo.
Esta ley no es un acto burocrático ni un número en la Gaceta. Es un acto de justicia y memoria, una puerta abierta para miles de mujeres que, tras la guerra, buscan reconstruir su vida, su oficio, su dignidad. Por primera vez, el Estado colombiano reconoce que la reincorporación femenina exige un camino propio, con medidas específicas en empleo, acompañamiento institucional e inclusión social, para superar las brechas que la guerra dejó en sus cuerpos y en sus comunidades.
“El objeto de esta ley es brindar un camino propio a la mujer desmovilizada y reincorporada, fomentando empleo productivo, trabajo decente y vocación de permanencia. En últimas, se trata de promover la paz y ayudar a la recuperación de las comunidades afectadas por la guerra”, reza su artículo primero.
Una ley con sello caribe
La génesis de esta norma no solo se dio en los salones del Congreso, sino también en la gestión constante y la visión de quienes entendieron que la paz debía tener rostro de mujer. Entre ellos, el cartagenero Camilo Galeano George, quien, junto al senador Jorge Benedetti Martelo, se convirtió en uno de los principales impulsores de la iniciativa.
Desde las mesas técnicas hasta los debates legislativos, Galeano George fue tejiendo consensos, convocando voces diversas y defendiendo la necesidad de un enfoque diferencial en la reincorporación. Su labor articuladora fue determinante para que la ley recogiera los principios internacionales de la ONU en materia de Desarme, Desmovilización y Reintegración (DDR), así como las disposiciones del Acuerdo Final de Paz y los lineamientos del CONPES sobre reincorporación con enfoque de género.
Por su parte, el senador Jorge Benedetti Martelo, reconocido por su impulso a causas sociales y por su trabajo en legislación con enfoque territorial, lideró desde el Congreso la defensa política de la propuesta, logrando que el país entendiera que la paz también se legisla con sensibilidad, con empatía y con visión de futuro.
Ambos, Galeano y Benedetti, representan una nueva generación de liderazgo caribeño que asume la política como herramienta de transformación y reconciliación, más allá de los discursos.
Los pilares de la Ley 2487
1. Ruta diferencial para mujeres desmovilizadas y reincorporadas
Se crea un programa especial que reconoce las condiciones particulares de las mujeres que dejaron las armas, incluyendo riesgos diferenciados y contextos familiares y comunitarios.
2. Obligación estatal de reglamentar y rendir cuentas
La Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN) tendrá un año para implementar la ruta, y deberá rendir informes anuales ante el Congreso.
3. Certificado de Empleo para la Paz
Las empresas que contraten al menos un 10% de mujeres en proceso de reincorporación recibirán un sello que las distinguirá como aliadas de la paz y la inclusión.
4. Enfoque de género e interseccionalidad
Todas las acciones deberán atender las diferencias por etnia, edad, orientación sexual o situación socioeconómica, garantizando un abordaje integral y humanizado.
Una apuesta por la reconciliación
La Ley 2487 trasciende lo jurídico. Es una invitación a reconciliarnos con nuestra historia y a comprender que la paz no se firma, se construye. No se decreta, se siembra.
Para Camilo Galeano George y Jorge Benedetti Martelo, esta ley es el resultado de un esfuerzo colectivo donde confluyeron sociedad civil, instituciones y Congreso. “Es la demostración de que Cartagena y el Caribe pueden ser protagonistas en la construcción de políticas públicas con impacto real en el país”, coinciden ambos.
Un mensaje al país
La nueva ley no solo habla de reincorporación: habla de esperanza, equidad y reparación. Habla de mujeres que dejaron las armas y ahora quieren empuñar herramientas, oficios, sueños.
En su esencia, es una apuesta por la vida, por la dignidad y por la igualdad. Un logro legislativo con sello cartagenero y espíritu de nación, que reafirma que la paz no es completa sin las mujeres.
