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ย La ciudad que no tenรญa garajes

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A veces las ciudades se comportan como el ciudadano de apie que solo se preocupa por resolver el dรญa, pero sin prepararse para los cambios y exigencias que, posiblemente,traerรก el futuro.

Lo digo porque ayer en la tarde salรญ a caminar mi barrio y unas tres barriadas aledaรฑas, donde encontrรฉ la misma escena: carros parqueados en las vรญas principales, mientras las busetas, los camiones de aseo, los busetones de Transcaribe, los furgones de los proveedores โ€”y otros vehรญculosโ€” tenรญan que hacer verdaderos malabares para poder circular. Unos se metรญan un poco hacia la izquierda, otros hacia la derecha y algunos esperaban a que el vehรญculo que venรญa de frente encontrara la manera de hacerse a un lado.

Primero pensรฉ lo de siempre: aquรญ hace falta autoridad. Despuรฉs pensรฉ que no era suficiente, pues tambiรฉn hace falta preguntarnos cรณmo llegamos hasta aquรญ.

Cuando yo era niรฑo las casas de los barrios populares se construรญan sin garaje, sencillamente porque en la Cartagena de hace mรกs de cincuenta aรฑos era muy raro que una familia de estratos bajos tuviera carro. Ese era un lujo de familias ricas. Para nosotros estaban reservados los pies, los buses y las bicicletas.

Pero las cosas cambiaron. Ahora no es tan raro que en los barrios populares las familias tengan carro, pero el diseรฑo de las casas sigue siendo el mismo, lo que hizo que se presentara un serio problema: ยฟy ahora dรณnde metemos el carro?

La terraza, que durante tantos aรฑos fue un pequeรฑo espaciohumano y familiar, empezรณ a convertirse en garaje. Allรญ donde antes habรญa una mecedora, dos sillas y una conversaciรณn al caer la tarde, ahora puede haber un automรณvil, lo cual me parece mucho mรกs preocupante de lo que parece, ya que la terraza no era simplemente un pedazo de cemento delante de la casa. Era parte de la vida. Allรญ se sentaba el abuelo, se conversaba con el vecino, se esperaba la brisa y se veรญa pasar el barrio. Ahora hay casas donde sus habitantes tienen que arreglรกrselas con unos pocos metros para vivir mientras el carro ocupa el espacio que antes ocupaban las personas.

Como las casas no fueron diseรฑadas para los automรณviles que vendrรญan despuรฉs, las calles terminaron pagando la cuenta.Las zonas verdes se convirtieron en parqueaderos y hasta en talleres de mecรกnica. Las vรญas principales se llenan de carros estacionados; y los conductores de los vehรญculos grandes tienen que resolver, como puedan, un problema que no provocaron.

En el barrio donde me criรฉ, una interiorana comprรณ una casa usada y la convirtiรณ en un edificio de cuatro pisos y a orillas de una vรญa de doble sentido y de mucho trรกfico vehicular. Justo en el frente del edificio habรญa una โ€œmuelaโ€ por donde los carros podรญan desviarse para dejar pasar al que venรญa en sentido contrario. Pero la propietaria del susodicho inmueble decidiรณ, sin consultar con nadie, que ese serรญa el parqueadero de sus inquilinos. Para ello, interpuso unos troncos y unas cintas amarillas, que tambiรฉn parecen haber enmudecido a los vecinos y a las autoridades.

La escena me hizo pensar que el problema no consiste solamente en que falte autoridad. Tambiรฉn consiste en que, algunas veces, cada quien resuelve su problema sin mirar la molestia que le queda al vecino. Por eso decรญa al comienzo que a veces las ciudades tambiรฉn se comportan como el hombre de a pie que solamente resuelve el dรญa consiguiendo el dinero para pagar el arriendo, comprar la comida, reparar lanevera o resolver una gotera. Lo urgente se come lo importante, pero cuando llega el futuro, descubre que hubocosas que debiรณ haber pensado antes.

Con las ciudades puede ocurrir lo mismo. Por ejemplo: Cartagena ha tenido que tomar decisiones para resolver problemas de su tiempo. El traslado del antiguo mercado de Getsemanรญ hacia Bazurto fue una soluciรณn para una ciudad que necesitaba otro espacio para su actividad comercial. Pero el tiempo siguiรณ pasando, Cartagena creciรณ y aquello que alguna vez pudo parecer una soluciรณn terminรณ formando parte de otro problema mucho mayor.

Eso deberรญa enseรฑarnos algo, dado que una ciudad no solamente tiene que preguntarse cรณmo resolver el problema de hoy. Tambiรฉn tiene que preguntarse quรฉ problema puede producir la soluciรณn de hoy dentro de veinte o treinta aรฑos, porque el futuro inevitablemente llega; y cuando llega, no siempre encuentra espacio.

Eso es lo que estรก pasando con los carros en muchos barrios. No es que los habitantes hayan decidido un buen dรญa convertir las calles en parqueaderos. Es que la ciudad fue creciendo, las familias fueron cambiando y nadie diseรฑรณ suficientemente bien el lugar donde iban a caber todas esas nuevas necesidades. Entonces la terraza, la calle y las zonas verdes se transformaron en parqueaderos.

La autoridad tiene que hacer cumplir las normas, por supuesto. Pero tambiรฉn serรญa bueno que aprendiรฉramos a pensar en la ciudad como algo que pertenece a todos, puesto que no se trata de quitarle el carro a nadie sino de entender que el vehรญculo particular necesita un lugar y que ese lugar no puede aparecer mรกgicamente ocupando el espacio que necesitan los demรกs.

Tal vez durante mucho tiempo Cartagena construyรณ casas, calles y barrios pensando en las necesidades de una ciudad que ya dejรณ de existir. Ahora tenemos que construir y transformar pensando en la ciudad que tendremos, porque una ciudad que no planea el futuro termina haciendo algo muy parecido a lo que hacemos las personas cuando dejamos todo para despuรฉs: llega el momento de resolver y ya no hay dรณnde poner las cosas.

Salir de la versiรณn mรณvil