Hablar de la calle de La Media Luna no es hablar simplemente de una vía de Getsemaní. Es recorrer uno de los capítulos más profundos de la historia de Cartagena, un corredor donde confluyen la memoria de la ciudad amurallada, la identidad popular, el comercio, la resistencia cultural y el espíritu que durante siglos definió el carácter cartagenero.
Por eso, la restauración entregada por el gobierno del alcalde mayor de Cartagena, Dumek Turbay Paz, el pasado 8 de mayo de 2026, representa mucho más que una intervención urbanística. Es la recuperación de uno de los símbolos históricos más importantes de la ciudad y una apuesta por devolverle protagonismo a un espacio que durante siglos fue la puerta de entrada a Cartagena y el corazón popular de Getsemaní.
La renovación de este emblemático corredor, desarrollada dentro del programa Vías para la Felicidad, permitió recuperar 300 metros lineales de una calle que no solo conecta físicamente a Getsemaní con el Centro Histórico, sino que también conecta a Cartagena con su propia memoria.
La única entrada terrestre a la ciudad amurallada
Mucho antes de convertirse en un corredor turístico y cultural, La Media Luna era el punto más importante de acceso terrestre a Cartagena.
Según explicó el historiador Moisés Álvarez, director del Museo Histórico de Cartagena, fue en este sector donde España construyó una de las estructuras defensivas más estratégicas del continente: la puerta de tierra de La Media Luna.
A finales del siglo XVI, cuando la ciudad comenzó a expandirse más allá de lo que hoy se conoce como el Centro Histórico, la corona española inició un complejo proceso de fortificación para proteger a Cartagena de ataques piratas e invasiones extranjeras.
El último tramo de ese sistema defensivo se levantó justamente al final de esta calle.
La estructura, conformada por tres medios baluartes en forma arqueada, dio origen al nombre que hasta hoy conserva la vía.
Durante siglos, cualquier persona que quisiera ingresar o salir de Cartagena por tierra debía hacerlo obligatoriamente por este punto.
La ciudad literalmente se cerraba al caer la noche.
La puerta contaba con puente levadizo y artillería defensiva, y cada día, a las ocho de la noche, el acceso era levantado hasta el amanecer siguiente. Cartagena quedaba completamente aislada como mecanismo de defensa militar.
La Media Luna no era solamente una calle: era el umbral entre la ciudad protegida y el resto del territorio continental.
El corredor donde nació buena parte de la cultura popular cartagenera
Con el paso de los años, la calle dejó de ser únicamente una entrada militar y comenzó a transformarse en un escenario social, económico y cultural.
La Media Luna se convirtió en una de las grandes arterias de Getsemaní, barrio históricamente ligado al mestizaje, la vida popular y las expresiones culturales de Cartagena.
Allí convivieron comerciantes, trabajadores, artesanos, viajeros y familias que fueron moldeando la identidad social de la ciudad.
Según Moisés Álvarez, tanto La Media Luna como la calle Larga concentraron parte importante de la actividad comercial cartagenera durante los siglos XVII y XVIII, especialmente de comerciantes que operaban fuera de los círculos tradicionales del Centro.
Pero el valor de La Media Luna iba mucho más allá del comercio.
Fue en sus callejones, plazas y espacios comunitarios donde germinaron muchas de las expresiones culturales que hoy definen a Cartagena: la música popular, las tradiciones barriales, las tertulias callejeras y el sentido colectivo que caracteriza a Getsemaní.
“Son sitios emblemáticos de la memoria que hay que mantener para que nos veamos como en un espejo lo que hemos sido como sociedad”, afirmó el historiador.
Getsemaní: territorio de resistencia e identidad
La historia de La Media Luna también está íntimamente ligada a la historia política y social de Cartagena.
Getsemaní fue protagonista del movimiento popular que respaldó el proceso independentista de 1811, convirtiéndose en epicentro de la resistencia ciudadana y de las luchas populares.
Por eso, recuperar La Media Luna significa también reivindicar el papel histórico de Getsemaní como uno de los territorios más representativos de la identidad cartagenera.
En medio del crecimiento urbano y de las transformaciones que ha vivido Cartagena durante décadas, muchos sectores históricos perdieron parte de su esencia. Sin embargo, La Media Luna ha sobrevivido como símbolo de memoria colectiva.
Aunque durante buena parte del siglo XX el sector estuvo asociado a problemas derivados del antiguo mercado público y del crecimiento desordenado de la ciudad, hoy vuelve a consolidarse como un espacio patrimonial, turístico y cultural.
La apuesta de Dumek Turbay por recuperar la memoria urbana
La intervención liderada por el gobierno de Dumek Turbay Paz busca precisamente devolverle dignidad urbana e histórica a uno de los corredores más importantes de Cartagena.
La restauración no solo mejora la movilidad y el entorno físico del sector; también fortalece el sentido de pertenencia y preserva el valor patrimonial de la ciudad.
La obra representa una visión de ciudad donde la infraestructura no se limita al concreto y al pavimento, sino que también protege la memoria, la cultura y la identidad de los territorios.
Recuperar La Media Luna es rescatar una parte esencial de Cartagena.
Es volver a darle voz a una calle que durante siglos observó el crecimiento de la ciudad, el paso de comerciantes, soldados, artistas, trabajadores y generaciones enteras de cartageneros.
Es recuperar el lugar donde Cartagena aprendió a entrar, salir y reconocerse como pueblo.
Y hoy, restaurada y revitalizada, La Media Luna vuelve a ocupar el lugar que históricamente le pertenece: el de una de las calles más importantes, simbólicas y vivas de la historia cartagenera.

