Desde que lo escuché por primera vez, siempre he considerado que el paseo vallenato “El mago del Copey”, cuya autoría se le atribuye al juglar guajiro Luis Enrique Martínez, es una de las mejores crónicas musicales que se han concebido en la gran cuenca caribeña en todos los tiempos.
Pero cuando califico esa canción como una “crónica” no lo hago sólo por usar un calificativo elogioso. Lo digo apegándome a los reales cánones de la crónica periodística, pues no me cabe la menor duda de que “El mago del Copey”cumple con la mayoría de los elementos que caracterizan a la que es considerada como uno de los formatos mayores del periodismo.
Como bien se sabe, la crónica periodística, para que sea ponderada como tal, debe cumplir con los siguientes parámetros: observación (con todos los sentidos), testimonios (orales, documentales, audiovisuales, etc.), opinión personal, descripciones, narración, subjetividad, estilo literario, estructura flexible, personajes, investigación, etc.
Claro está, tratándose de una canción de máximo tres minutos de duración, es casi imposible que todos esos parámetros se puedan incluir. Pero, por lo menos, los principales hacen que la historia encaje dentro de lo que se podría clasificar como una auténtica crónica periodística.
Cabe destacar que “El mago del Copey” fue creado en las épocas en que la música vallenata estaba aún dominada por los juglares de toque y canto, quienes la asumían como un cantar de gesta. Es decir, las canciones que creaban estaban enfocadas en narrar situaciones de los lugares y personajes que encontraban en sus correrías por los diferentes rincones de la Región Caribe.
El escenario de “El mago del Copey” es el municipio de El Copey, en el noroccidente del departamento del Cesar, norte de Colombia. A esa población, empezando la década de los 60 del siglo veinte, llegó un embaucador, quien se autonombraba como un mago que podía curar desde los malos del cuerpo, pasando por los de la mente y del mundo físico hasta llegar a los del más allá.
Al parecer, su palabra era tan convincente y su personalidad tan arrolladora que de inmediato conquistó la credibilidad de los lugareños y hasta montó un consultorio en el que no sólo atendía pacientes sino que también les vendía “medicamentos”de su propia fabricación.
Como era de esperarse, cuando el personaje consideró que ya había recaudado el dinero suficiente para suspender el negocio en el pueblo, desmanteló el consultorio y se marchó sigilosamente, dejando a sus clientes con un palmo de narices. Sólo así fue cuando cayeron en cuenta de que los habían estafado de la manera más vergonzante.
De acuerdo con lo que narra la canción, parece que Luis Enrique Martínez hizo presencia en El Copey cuando aún el mago tenía el consultorio en funcionamiento, pero ya se contaban anécdotas sobre sus supuestos milagros y había suspicacias entre ciertos habitantes, algunos de los cuales le transmitieron el suceso al juglar.
Precisamente, de esa recolección de datos se alimenta la crónica en cuestión, cuyos apartes son los siguientes:
I
Ay, óiganme, muchachos, pónganme mucho cuidado, voy a referir la historia, lo que pasó en El Copey: estoy convencido que la gente todavía ignora, porque adoraban a un mago sin tener confianza en él. Y me dijo Tito que esa noche el mago se reía con placer.
II
Cuando el mago dijo que pa’ componé a los hombres llevaba un remedio bueno y que lo iba a poné a la venta, corrían las mujeres por las calles y callones, todas iban a buscar plata pa’comprar las papeletas. Pero me dijo Alicia González que lo que contenían era hojas secas.
III
El mago les dijo a toditas las mujeres que desde la madrugada tenía el consultorio abierto. Ellas madrugaron a las 5 de la mañana, la consulta era barata: sólo valía treinta pesos. Una de las mujeres copeyanas, pa’ asegurá al marido dio cien pesos.
IV
A mis amigos les juro que ese era mago, como tuvo buena venta se reía de lo contento. Tito me dijo que vendió laspapeletas y en menos de media hora salió con 500 pesos. Por eso al día siguiente la gente no tenía pa’ la carne ni pa’l queso.
V
Ahora es que recuerdo que una mañana temprano yo tocaba mi acordeón debajo de un arbolito. En la puerta de Elías Sierra estaba el mago y a toda mujer que pasaba él le tiraba un besito. Pero como era imagen sagrada, ay, todas contemplaban al maguito.
VI
También observé que en ese mismo momento pasaba una jovencita y el gran mago la llamó, le tocó la cara, le sobó la barriguita, la tomó por la manita, al consultorio la metió. Pero,como él cerró la puertecita, adentro yo no sé lo que pasó.
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Entonces, aplicando los parámetros de la crónica periodística a la canción, tendremos que el cronista (en este caso, Luis Enrique Martínez) empieza anunciando que va a contar una historia y de paso incluye su opinión. Es decir, logra un “lead”salpicado de clara subjetividad.
Anuncio: “Ay, óiganme, muchachos, pónganme mucho cuidado: voy a referir la historia, lo que pasó en El Copey”.
Opinión: “Estoy convencido de que la gente todavía ignora, porque adoraban a un mago sin tener confianza en él”.
Seguidamente, echa mano del primer testimonio de un personaje del pueblo:
“Y me dijo Tito que esa noche el mago se reía con placer”.
Más adelante, durante la recolección de datos, el cronista se entera de que el mago había anunciado que vendería unas papeletas para componer a los hombres, por lo cual las mujeres corrían por todas partes buscando dinero para comprar la pócima.
Y enseguida se incluye el segundo testimonio, esta vez de una vecina:
“Pero me dijo Alicia González que lo que contenían (las papeletas) eran hojas secas”.
La recolección de datos con terceras personas continúa cuando al cronista le cuentan que el mago publicitaba sus servicios,diciendo que desde la madrugada tenía el consultorio abierto y que sus terapias sólo costaban treinta pesos. De inmediato surge el ejemplo del fanatismo extremo que se había apoderado de los lugareños:
“Una de las mujeres copeyanas, para asegurar al marido diocien pesos”.
En el siguiente pasaje, el cronista vuelve a echar mano de su propia opinión cuando relata que “a mis amigos les juro que ese era mago: como tuvo buena venta, se reía de lo contento”.
La opinión es complementada con un tercer testimonio proveniente de un observador presuntamente directo:
“Tito me dijo que vendió las papeletas y en menos de media hora salió con 500 pesos”.
El mismo observador añade las consecuencias que sufrieron los pacientes después de comprar las papeletas supuestamente milagrosas:
“Por eso, al día siguiente, la gente no tenía para la carne ni para el queso”.
La crónica finaliza con la observación directa y la opinión del cronista:
“Ahora es que recuerdo que una mañana temprano yo tocaba mi acordeón debajo de un arbolito. En la puerta de Elías Sierra estaba el mago y a toda mujer que pasaba él le tiraba un besito”.
Opinión: “Pero como era imagen sagrada, ay, todas contemplaban al maguito”.
A continuación, expone otro detalle surgido de la contemplación oportuna:
“También observé que en ese mismo momento pasaba una jovencita y el gran mago la llamó, le tocó la cara, le sobó la barriguita, la tomó por la manita, al consultorio la metió. Pero,como él cerró la puertecita, adentro yo no sé lo que pasó”.
Mediante esta última mirada se advierte que el cronistaprefirió ser pulcro en su información, pues sólo se limitó a referir lo que pudo ver, ya que, si hubiera querido dar cuenta de lo que sucedió dentro del consultorio, le quedaban tres caminos: colarse dentro del local, entrevistar a la jovencita o entrevistar al mismo mago; y, mediante esas modalidades,exponer los acontecimientos con rigurosidad, en vez de exponerse malamente en eso de jugar a la especulación.
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Los acontecimientos que dieron lugar a la creación, en ritmo de paseo, de “El mago del Copey”, se cree que ocurrieron, aproximadamente, en 1962; y que la primera grabación se publicó entre 1964 y 1965.
En 1975 el mismo Luis Enrique Martínez la regrabó para ladisquera Fuentes. Cuatro años después, el cantante Alberto Fernández, y su conjunto Los auténticos vallenatos, la retomaron para la misma disquera.
A mediados de la década de los noventa, el periodista Daniel Samper Pizano y su esposa Pilar Tafur la incluyeron en la antología “Cien años de vallenato”, como una de las cienmejores canciones de ese género que se compusieron en el siglo veinte.
La interpretación estuvo a cargo del cantante Ivo Díaz, quien se hizo acompañar del acordeonista y rey vallenato Nicolás “Colacho” Mendoza.

