Bajo el cielo sereno de la noche cartagenera y entre los muros cargados de historia de la Plaza de la Proclamación, la fe volvió a abrirse camino. La Confesatón 2026 no fue solo una jornada religiosa: fue un encuentro íntimo entre el alma y el perdón, un acto colectivo de reconciliación que reafirma a Cartagena como un destino turístico religioso de talla mundial.
Este año, 800 personas —entre cartageneros y visitantes llegados desde distintos rincones— acudieron al sacramento de la reconciliación, respondiendo con fervor a una convocatoria que inició poco antes de las 5:00 de la tarde y se extendió hasta casi la medianoche. Uno a uno, los fieles se acercaron a los confesionarios instalados en la emblemática plaza, llevando consigo cargas invisibles y regresando con el corazón aligerado.
El alcalde Mayor de Cartagena, Dumek Turbay Paz, destacó la fuerza espiritual que se vivió en la jornada, al contemplar la multitud reunida en torno a la fe:
“Ver a tantos fieles congregados alrededor de esta hermosa agenda de fe y devoción que hemos preparado para vivir la Semana Santa en nuestra Cartagena nos llena de inmensa alegría. La invitación es a seguir viviendo la Semana Mayor en familia, desde los más grandes hasta los más pequeños, con toda la oferta que hoy nos consolida como destino turístico religioso.”
Un espacio de fe con sello internacional
La jornada no solo tuvo un profundo significado espiritual, sino también un valor simbólico para la proyección de la ciudad. Para Liliana Rodríguez, presidenta ejecutiva de Corpoturismo, la Confesatón representa un evento que ya empieza a escribir su propio capítulo en la historia religiosa de Cartagena.
“La Confesatón se ha consolidado como un evento propio de Cartagena en el contexto de nuestra Semana Santa, inspirado en los grandes referentes del turismo religioso en el mundo. Hemos diseñado un espacio apropiado para que tanto residentes como visitantes celebren el sacramento de la Confesión previo al inicio del Triduo Pascual, demostrando que somos un destino de fe capaz de ofrecer experiencias transformadoras.”
Desde la mirada espiritual, el padre Julio César Muñoz recordó que la reconciliación no se limita a las palabras pronunciadas en silencio, sino que se convierte también en actos de misericordia.
“La Confesatón ha sido un evento propicio para que los fieles preparen su corazón antes de la Pascua, acudiendo al perdón de Dios y practicando la misericordia con los más necesitados. Al compartir alimentos que irán a las familias de sectores y municipios que apoya la Arquidiócesis desde el Banco de Alimentos, estamos viviendo el verdadero sentido de la caridad cristiana.”
La voz del visitante: una experiencia que trasciende fronteras
Entre los asistentes también se escucharon voces que llegaron desde lejos. Natalia Valdez, turista bogotana residente en Londres, encontró en la plaza un espacio de recogimiento que superó sus expectativas.
“Vivir la Confesatón en este entorno histórico ha sido una experiencia maravillosa. Es un momento lleno de profunda espiritualidad que permite que Cartagena, además de su oferta de turismo e historia, acerque a los visitantes a la fe y a la vivencia real de la Semana Santa. Tienen que venir a conocer esta Cartagena religiosa en sus vacaciones.”
Un balance que crece con los años
Desde su primera edición en 2024, la Confesatón ha crecido como una semilla sembrada en terreno fértil. Bajo la articulación entre la Alcaldía de Cartagena, la Arquidiócesis y Corpoturismo, el evento ha ido sumando voluntades y corazones.
Hoy, al cierre de su tercera edición en 2026, el balance habla por sí solo: cerca de 2.250 confesiones acumuladas desde su creación, una cifra que no solo representa números, sino historias personales de fe, arrepentimiento y esperanza.

Así, Cartagena cierra una noche de reflexión y silencio interior, mientras sus campanas se preparan para anunciar los días santos. La ciudad, que ha sido testigo de siglos de historia, vuelve a abrazar su esencia espiritual y se consolida, una vez más, como epicentro de la fe en el Caribe colombiano.

