En La Lorena, Pereira, el terremoto no solo derribó paredes. Para cientos de familias, también derribó el lugar que durante años llamaron hogar.
El conjunto residencial, con cerca de 300 apartamentos, sufrió graves afectaciones. Algunos bloques se desplomaron y otros quedaron en pie, pero todos deberán ser demolidos por orden de la Alcaldía de Pereira.
Detrás de cada edificio hay historias como la de Luisa y la de cientos de familias que lo perdieron todo: su vivienda, sus pertenencias, sus recuerdos y la tranquilidad de tener un techo propio.
Hoy, muchas de estas familias permanecen alojadas donde amigos o familiares. Duermen en espacios prestados, reorganizan sus vidas y enfrentan la incertidumbre de no saber cuándo podrán volver a tener un hogar.
En medio de esta tragedia, sin embargo, hay algo que permanece: la esperanza.

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La esperanza de Luisa y de cientos de familias que, aunque lo perdieron casi todo, se niegan a perder la fe en que podrán comenzar de nuevo.
Porque La Lorena no es solamente un conjunto residencial afectado por un terremoto. Es el drama de familias que ahora tienen que reconstruir sus vidas desde cero.
Y en medio de esa difícil realidad también han aparecido gestos de solidaridad. Los damnificados recibieron ayuda enviada por el empresario bolivarense Alfonso Hilsaca Eljadue, quien se sumó a la atención de las familias afectadas con mercados y carne de cerdo.
Son ayudas que, más allá de los alimentos, representan un mensaje de acompañamiento para quienes hoy atraviesan uno de los momentos más difíciles de sus vidas.
Hay cosas que un terremoto puede derribar. La esperanza no es una de ellas.

