HABLEMOS!Tu voz también informa a Cartagena. Escríbenos y cuéntanos qué está pasando en tu barrio.
Opinión

 La ciudad que no tenía garajes

4 Minutos de lectura

-. 𝐂𝐚𝐫𝐭𝐚𝐠𝐞𝐧𝐚 𝐜𝐚𝐦𝐛𝐢𝐨́, 𝐬𝐮𝐬 𝐡𝐚𝐛𝐢𝐭𝐚𝐧𝐭𝐞𝐬 𝐜𝐚𝐦𝐛𝐢𝐚𝐫𝐨𝐧 𝐲 𝐥𝐨𝐬𝐚𝐮𝐭𝐨𝐦𝐨́𝐯𝐢𝐥𝐞𝐬 𝐥𝐥𝐞𝐠𝐚𝐫𝐨𝐧 𝐚 𝐥𝐨𝐬 𝐛𝐚𝐫𝐫𝐢𝐨𝐬 𝐩𝐨𝐩𝐮𝐥𝐚𝐫𝐞𝐬. 𝐄𝐥𝐩𝐫𝐨𝐛𝐥𝐞𝐦𝐚 𝐞𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐛𝐮𝐞𝐧𝐚 𝐩𝐚𝐫𝐭𝐞 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐜𝐢𝐮𝐝𝐚𝐝 𝐧𝐮𝐧𝐜𝐚 𝐟𝐮𝐞𝐝𝐢𝐬𝐞𝐧̃𝐚𝐝𝐚 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐫𝐞𝐜𝐢𝐛𝐢𝐫𝐥𝐨𝐬.

 

 

A veces las ciudades se comportan como el ciudadano de apie que solo se preocupa por resolver el día, pero sin prepararse para los cambios y exigencias que, posiblemente,traerá el futuro.

Lo digo porque ayer en la tarde salí a caminar mi barrio y unas tres barriadas aledañas, donde encontré la misma escena: carros parqueados en las vías principales, mientras las busetas, los camiones de aseo, los busetones de Transcaribe, los furgones de los proveedores —y otros vehículos— tenían que hacer verdaderos malabares para poder circular. Unos se metían un poco hacia la izquierda, otros hacia la derecha y algunos esperaban a que el vehículo que venía de frente encontrara la manera de hacerse a un lado.

Primero pensé lo de siempre: aquí hace falta autoridad. Después pensé que no era suficiente, pues también hace falta preguntarnos cómo llegamos hasta aquí.

Cuando yo era niño las casas de los barrios populares se construían sin garaje, sencillamente porque en la Cartagena de hace más de cincuenta años era muy raro que una familia de estratos bajos tuviera carro. Ese era un lujo de familias ricas. Para nosotros estaban reservados los pies, los buses y las bicicletas.

Pero las cosas cambiaron. Ahora no es tan raro que en los barrios populares las familias tengan carro, pero el diseño de las casas sigue siendo el mismo, lo que hizo que se presentara un serio problema: ¿y ahora dónde metemos el carro?

La terraza, que durante tantos años fue un pequeño espaciohumano y familiar, empezó a convertirse en garaje. Allí donde antes había una mecedora, dos sillas y una conversación al caer la tarde, ahora puede haber un automóvil, lo cual me parece mucho más preocupante de lo que parece, ya que la terraza no era simplemente un pedazo de cemento delante de la casa. Era parte de la vida. Allí se sentaba el abuelo, se conversaba con el vecino, se esperaba la brisa y se veía pasar el barrio. Ahora hay casas donde sus habitantes tienen que arreglárselas con unos pocos metros para vivir mientras el carro ocupa el espacio que antes ocupaban las personas.

Como las casas no fueron diseñadas para los automóviles que vendrían después, las calles terminaron pagando la cuenta.Las zonas verdes se convirtieron en parqueaderos y hasta en talleres de mecánica. Las vías principales se llenan de carros estacionados; y los conductores de los vehículos grandes tienen que resolver, como puedan, un problema que no provocaron.

En el barrio donde me crié, una interiorana compró una casa usada y la convirtió en un edificio de cuatro pisos y a orillas de una vía de doble sentido y de mucho tráfico vehicular. Justo en el frente del edificio había una “muela” por donde los carros podían desviarse para dejar pasar al que venía en sentido contrario. Pero la propietaria del susodicho inmueble decidió, sin consultar con nadie, que ese sería el parqueadero de sus inquilinos. Para ello, interpuso unos troncos y unas cintas amarillas, que también parecen haber enmudecido a los vecinos y a las autoridades.

La escena me hizo pensar que el problema no consiste solamente en que falte autoridad. También consiste en que, algunas veces, cada quien resuelve su problema sin mirar la molestia que le queda al vecino. Por eso decía al comienzo que a veces las ciudades también se comportan como el hombre de a pie que solamente resuelve el día consiguiendo el dinero para pagar el arriendo, comprar la comida, reparar lanevera o resolver una gotera. Lo urgente se come lo importante, pero cuando llega el futuro, descubre que hubocosas que debió haber pensado antes.

Con las ciudades puede ocurrir lo mismo. Por ejemplo: Cartagena ha tenido que tomar decisiones para resolver problemas de su tiempo. El traslado del antiguo mercado de Getsemaní hacia Bazurto fue una solución para una ciudad que necesitaba otro espacio para su actividad comercial. Pero el tiempo siguió pasando, Cartagena creció y aquello que alguna vez pudo parecer una solución terminó formando parte de otro problema mucho mayor.

Eso debería enseñarnos algo, dado que una ciudad no solamente tiene que preguntarse cómo resolver el problema de hoy. También tiene que preguntarse qué problema puede producir la solución de hoy dentro de veinte o treinta años, porque el futuro inevitablemente llega; y cuando llega, no siempre encuentra espacio.

Eso es lo que está pasando con los carros en muchos barrios. No es que los habitantes hayan decidido un buen día convertir las calles en parqueaderos. Es que la ciudad fue creciendo, las familias fueron cambiando y nadie diseñó suficientemente bien el lugar donde iban a caber todas esas nuevas necesidades. Entonces la terraza, la calle y las zonas verdes se transformaron en parqueaderos.

La autoridad tiene que hacer cumplir las normas, por supuesto. Pero también sería bueno que aprendiéramos a pensar en la ciudad como algo que pertenece a todos, puesto que no se trata de quitarle el carro a nadie sino de entender que el vehículo particular necesita un lugar y que ese lugar no puede aparecer mágicamente ocupando el espacio que necesitan los demás.

Tal vez durante mucho tiempo Cartagena construyó casas, calles y barrios pensando en las necesidades de una ciudad que ya dejó de existir. Ahora tenemos que construir y transformar pensando en la ciudad que tendremos, porque una ciudad que no planea el futuro termina haciendo algo muy parecido a lo que hacemos las personas cuando dejamos todo para después: llega el momento de resolver y ya no hay dónde poner las cosas.

Noticias relacionadas
Opinión

El poder de la plaza

3 Minutos de lectura
Hay lugares que parecen simples espacios físicos, pero que terminan convirtiéndose en el corazón de una comunidad. La plaza es uno de…
Opinión

La campaña por Cartagena ya huele a raspao, dominó y corrillo de barrio

5 Minutos de lectura
Por estos días, en Cartagena empieza a sentirse ese olor inconfundible de las campañas que todavía no son campañas: el raspao en…
Opinión

El martes en que las “gemelas” cayeron sobre Cartagena

4 Minutos de lectura
Hay días que uno recuerda por la fecha. Otros, por el lugar donde estaba. Y hay algunos que quedan guardados en la…
Suscribete y Mantente actualizado de las noticias más recientes