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Opinión

𝗟a película de Michael Jackson

9 Minutos de lectura

-. 𝐋𝐨𝐬 𝐜𝐫𝐢́𝐭𝐢𝐜𝐨𝐬 𝐡𝐚𝐧 𝐦𝐚𝐬𝐚𝐜𝐫𝐚𝐝𝐨 𝐞𝐬𝐭𝐚 𝐜𝐢𝐧𝐭𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐨𝐛𝐬𝐞𝐫𝐯𝐚𝐜𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬 𝐝𝐢𝐬𝐢́𝐦𝐢𝐥𝐞𝐬, 𝐩𝐞𝐫𝐨 𝐚 𝐦𝐢́ 𝐦𝐞 𝐩𝐚𝐫𝐞𝐜𝐞 𝐮𝐧𝐛𝐮𝐞𝐧 𝐫𝐞𝐜𝐨𝐫𝐝𝐞𝐫𝐢𝐬 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐧𝐞𝐬 𝐟𝐮𝐢𝐦𝐨𝐬 𝐚𝐝𝐨𝐥𝐞𝐬𝐜𝐞𝐧𝐭𝐞𝐬 𝐞𝐧𝐥𝐨𝐬 𝟖𝟎 𝐞 𝐢𝐥𝐮𝐬𝐭𝐫𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐧𝐞𝐬 𝐧𝐨 𝐡𝐚𝐛𝐢́𝐚𝐧 𝐧𝐚𝐜𝐢𝐝𝐨.

 

 

El fin de semana pasado mi colega Eduardo de Jesús Álvarez Cardona me invitó a ver la película “Michael”, sobre la vida delextinto cantante, compositor y bailarín norteamericano Michael Jackson, y confieso que me sorprendí grandemente.

Me sorprendí por dos cosas: creía que los teatroscinematográficos ya no se llenaban como antes, por causa de la fuerte competencia de las plataformas virtuales de películas en casa. Pero también me llevé la sorpresa de que la mayoría de asistentes a la sala eran muchachos que tal vez aún no estaban en los planes de sus padres cuando el autor de “Thriller” batía récord de ventas a nivel mundial.

Por mi parte, yo tenía 15 años cuando me enteré de que en el mundo fonográfico había un grupo musical llamado “The Jackson Five”. Fue una tarde de un martes cualquiera cuando vi a Cristóbal“Mermelada” Paugan, un vecino que vendía chances en una caseta de latas y maderas, en la zona verde que hacía frente con mi casa. Estaba sentado en un banquillo pellizcanalgas, con una grabadora enorme sobre sus piernas e imitando las voces que salían de un casette. Pero lo hacía con tanto entusiasmo que parecía que de verdad conociera el inglés, cuando a duras penas manejaba bien el castellano callejero del Caribe.

Screenshot

—¿Cómo se llama esa canción?—le pregunté también eufórico.

—“Échale la culpa al bugui”—me respondió automáticamente, como si fuera la enésima vez que repetía ese título.

—¿Y quiénes la cantan?

—Los Jackson.

Días después, la melodía y la sabrosura de la canción seguían resonando en mis oídos, pero no hallaba información de los Jackson en las emisoras, ni en televisión, ni en revistas o periódicos. Parecía que aún en Cartagena no cobraban la suficiente importancia o tal vez yo no estaba indagando donde debía.

En las semanas posteriores comenzó a sonar en la radio la canción “Mueve tu cuerpo (bajo la tierra)”, cantada por las mismas voces que había escuchado en el casette de Cristóbal, pero esta vez sí percibí más difusión y acogida pública, porque no sólo se programaba en las estaciones radiales sino que también sonaba en las fiestas, en las izadas de bandera de mi colegio y en algunas busetas de la ruta El Socorro/Centro, tres instancias que eran como el termómetro para saber si de verdad una canción estaba siendo apreciada por melómanos y bailadores.

Esta vez me compré un casette virgen TDK y fui donde Cristóbal para que me lo grabara, pero resulta que ya no tenía el suyo, por lo cual me recomendó que fuera donde William Figueroa, otro vecino bailador, quien tenía el LP donde estaban esas dos canciones.

William vivía en la misma calle, pero como a diez casas de la mía.Usualmente, todos los días lo veía pasar cuando iba o regresaba del colegio. Pero, durante los días en que necesitaba que me prestara el long play, extrañamente se había hecho invisible, hasta un sábado por la noche cuando lo vi que venía integrando un grupo de esquineros que se disponían a jugar al golito en la carretera. Le caí enseguida, pero, contrario a lo que yo esperaba, no se devolvió a buscarme el disco sino que me recomendó que hablara con “Orlandito Cara ‘e Puño”, su primo, quien sí estaba en la vivienda y hasta me preguntó que si el de los Jackson era un long play que tenía una paloma pintada en la parte de atrás.

“No sé, nunca lo he visto”, le respondí sinceramente, pero resulta que la tal paloma no era ninguna paloma sino un pavo real posadosobre un pedestal plateado en medio de un mar visiblemente rebelde. Era una pintura hermosa y, a la vez, temible la que había en esa contra carátula, mientras que en la carátula estaba dibujada la palabra “Destiny” en letras gigantes de piedra; y encima estaban losJackson con sus voluminosos peinados afros: tres de pie, uno acostado y el otro sentado luciendo unas botas largas y de negro reluciente. Detrás de ellos, en forma de un rayo de color rojo, se veía la frase “The Jacksons”.

Ya con el disco en las manos logré enterarme de que esa producción tenía dos años de haber sido publicada, pero, al parecer, en Cartagena se promocionó lentamente, lo cual no impidió que fuera exitosa. Lo que no sé es si cobró ventas significativas, porque al único que le veía ese disco en las manos era a William Figueroa. Más tarde, cuando me robaron en el colegio el casette TDK, yo también lo compré, después de hacer un tremendo esfuerzo juntando la cosita del colegio y la mesada sabatina.

Supongo que habían pasado muchos meses cuando me puse a buscar un equipo de sonido que tuviera casettera, porque el de mi casa era tan antiguo que, a duras penas, se podía poner un long play en su tornamesa. Pero, en eso de reproducir cintas magnetofónicas,el que estaba adelantado era el equipo de mi abuelo José, un aparato marca Sony que ni él ni sus hijas utilizaban, por lo cual murió sulfatado y en medio de mi deseo de que lo llevaran para mi casa, donde creía yo que sí merecía estar.

Otra de esas tardes de semana, estaban sentados, en la verja de mi casa, Cristóbal y su compadre Héctor “Codegán”, con la enorme grabadora en medio, escuchando Radio Olímpica A.M., cuando de pronto el locutor informó: “Se escuchaba en versión de MichaelJackson, ‘No te detengas hasta alcanzar lo suficiente’. En Radio Olímpica son las 4:30 de la tarde…”

—¿Estás oyendo?—le dijo “Codegán” a “Mermelada”— Michael Jackson. Canta como los Jackson.

!Maicol¡ En mi vida había escuchado ni visto un nombre comoese, pues en mi entorno negroide casi siempre se acostumbraba a bautizar a la gente con nombres como Remberto, Matilde, Prudencia, Alcides, Dámaso, Plinio o Nicanor, etc. Pero ¿Maicol?Vaina rara.

Varios días después, aprovechando que andaba por el Centro en busca de otra cosa, llegué a la sede del almacén Discos Cartagena, que quedaba frente a las oficinas de Avianca, sector La Matuna, y pregunté por el disco del tal Maicol Jackson.

“Ese es el hermano menor de Los Jackson”, me dijo el dependiente sacándome el long play titulado “Off the Wall”, en cuya gráfica estaba (ahora sí bien escrito) el nombre de Michael Jackson, el cantante vestido de frac, con el mismo afro del long playpasado, pegado a un muro hecho con los mismos ladrillos pequeños,rojos y macizos que usan en Santa Marta y Valledupar para levantar viviendas. Adicionalmente, se veían, escritos con tiza en la pared,los nombres del disco y del intérprete.

“!Uy, qué bollo¡”, dijo mi hermana cuando le puse el nuevo LP en las manos. Esta vez, la sintonía fue mucho más enorme que con “Destiny”, pues “No te detengas…” se escuchaba por todas partes. Y no sólo eso: ahora salían en televisión los videos, viejos y recientes, de la familia Jackson, como para que los nuevos fanáticos supieran de dónde había salido el benjamín del clan Jackson que ya el planeta empezaba a aplaudir con toda la furia de la admiración sin reservas.

Sin embargo, entre “Off the wall” y los discos que vinieron después me aparece un vacío que no sé llenar con otras producciones, porque creo que le perdí la pista al cantante, después de un especial televisivo dedicado a él donde cantó la balada “Destiny”, como también los rítmicos “Mueve tu cuerpo…”, “Toda la noche bailando” y “Échale la culpa al bugui”, pero ya se había despojado del afro, lucía un suéter brillante de mangas largas y el cabello recién mojado y bajito, aunque colgando hasta el cuello.

Sólo logro traer a mi memoria la aparición del long play “Thriller”, que fue como la explosión mundial de la figura de Michael Jackson, sus premios Grammy, sus espectaculares videos, su conversión de negro a blanco, sus escándalos, sus matrimonios, sus hijos y su muerte.

Pero comprendí aún más el alcance de ese fenómeno cierta vez que fui a pasarme un fin de semana en la vereda Membrillal (jurisdicción del corregimiento de Pasacaballos), donde mis primos maternos tenían un picó que prendían los sábados en la noche y cuyo repertorio era sólo de vallenatos y champetas. Pero esa nochelos jóvenes parranderos y bailadores montunos no dejaban de solicitar las canciones del tal “Marcos Johnson”.

Vuelvo a la película:

A mi lado estaban sentadas tres niñas menores que mi hijo, quienes no podían evitar aplaudir, gritar y vibrar siempre que se oían los primeros acordes de los éxitos de los hermanos Jackson, pero muy especialmente cuando vibraban los de Michael como solista, cuyo sobrino Jaffar, se lució durante todo el filme con su danzar, sus chillidos y su habladito de niñito de prescolar.

Me llamó la atención que la película ni siquiera se acerca a la figura de Janette Jackson, la talentosa hermana de los Jackson, pero en cambio no pierde oportunidad para enfocar a La Toya, quiensiempre me pareció menos afortunada en las lides del espectáculo, pero sabrán los productores que pudo haber pasado para que ignoraran a esa negrita linda y pequeña que se constituyó en uno de mis amores platónicos de finales de los ochentas.

No sé si Jaffar sería el pelaíto que me presentaron en un apartamento del barrio Bocagrande, cuando alguien me avisó que en Cartagena estaba una colombiana que era cuñada de Michael Jackson. Salí inmediatamente a capturar la entrevista y, en efecto, hallé a la señora flaca, trigueña y alta al lado de tres niños: una hermosa morena como de 15 años, otro niño flaco como de 12 y uno pequeño, pero más vivaz que los anteriores. Este último me dijo que quería ser cantante y bailarín como su tío; y, mientras me hablaba,se movía como si de verdad estuviera en medio de un escenario,además de que hablaba con una seguridad que ya hubieran querido para sí los artistas más veteranos de la farándula criolla.

La señora me dijo que se llamaba Alejandra Martínez y que era esposa de Jermaine, uno de los integrantes mayores de The Jackson Five, quien, en los años 80, también hizo lo posible por igualar la popularidad planetaria del llamado “Rey del pop”, pero, a las claras, las cosas como que no se le dieron.

—¿Cuántos años tiene Jermaine?—le pregunté.

—55

—¿Y qué hace ahora?

—Atiende varios negocios y se dedica a la música en sus ratos libres.

—¿Y qué es de la vida de Janette?

—No sé. Tengo ratos que no la veo.

No sé por qué aún presiento que Alejandra no quiso abrir la ventana para que le preguntara por qué Janette dejó que la vieran una teta en un espectáculo que le dio la vuelta al globo terráqueo…Y por eso me contestó tan secamente.

Noté que la película pone todo su empeño en dejar mal parado alviejo Joe Jackson, sobre todo en la escena donde le pega varios fuetazos por las nalgas al pequeño Michael, tras uno de sus escasos momentos de rebeldía. No obstante, uno comprende que el padre sólo buscaba que sus hijos no corrieran la misma suerte de los negros pobres que en Estados Unidos han sufrido la quemadura del racismo, el desprecio y la exclusión, pero en ese anhelo (plausible por demás) parece que se le iba la mano en asuntos de disciplina y ambición por el dinero.

Mis hijos se ríen cuando les cuento que nunca más en mi vida he visto en Cartagena y en Colombia fiebres musicales tan inconmensurables e invasivas como las que produjeron estrellas como John Travolta, el grupo Menudo y Michael Jackson. Creo que,gracias a este último, mi entorno negroide dejó de bautizar a la gente con nombres del santoral católico, para escoger nominacionescomo Michael, Britney, Shakira o Brítany. De hecho, una vez cubriendo una nota barrial en una comunidad de la zona industrial de Mamonal, me recibió una líder comunal chocoana cuyo hijo se llamaba Maicol Jesús Sinisterra.

Antes y después de la película, he notado que los críticos de cine le han dado palo como a culebra mapaná. Pero, por mí, esos críticos bien pueden irse a comer un cerro de afrecho, porque a mí me gustó muchísimo, tal como la gozaron los niños que entraron conmigo al teatro. Y eso que ni siquiera habían nacido cuando yo pasaba hambre en los recreos de mi colegio con tal de juntar una cosita con la otra, para comprar los discos de mi vale, el viejo Michael. Que en paz descanse.

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