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Cultural

El hombre de la balaca rosada

2 Minutos de lectura

/Ilustración/


Su presencia es intermitente. A veces, por las mañanas, aparece raudo por el paseo peatonal contiguo a las murallas por la Avenida Santander con su danza elegante, erguido, su licra negra, su sueter barriga afuera de color lila, medias largas de colorines, zapatos deportivos y su autentica balaca rosada, apretándole la cabeza y su escasa cabellera.

El hombre, cuya felicidad se refleja en su sonrisa enigmática y su movimiento de hombros y caderas al andar, se topa con la tropa de Los Caminantes, que integran quien escribe estás líneas, además de un grupo de mangueros integrado por Efraín Elías “El Pichi” Yaber Díaz, Eduardo Salgado, Jaime Tapias, Jesús Hincapie Alzate, Pedro Ordosgoitia, Oswaldo Guerra y Enrique Borda.

La mañana de este viernes un olor a colonia infantil invadió el ambiente cerca a El Boquetillo, y “El Pichi”, caracterizado por franqueza al no tener pelos en la lengua para referirse a cualquier tema, pensó en voz alta: huele a flores, a mujer. ¡Carajo! Por ahí debe venir el hombre de la balaca rosada. Todos nos reímos de la ocurrencia y fue Jesús Hincapié, un paisa con corazón cartagenero, quien dijo: “Hay que preguntarle por el nombre de esa colonia”.

No habiamos caminado dos minutos cuando emergió de las murallas el hombre de la balaca rosada como levitando, montado en una nube imaginaria, caminando cual modelo internacional de pasarela y una sonrisita rara, enigmática, como de maldad. Todos quedamos estupefactos. Enrique Borda, un hombre huraño y gruñón, frunció el ceño y su cara mostró una expresión de asombro al observar el galope peculiar de este personaje, asemejado al de una yegua en celo. Eduardo Salgado, Oswaldo Guerra, Pedro Ordosgoitia y Jaime Tapias coincidieron en un gesto raro de asombro. Fue tan evidente la sorpresa que el hombre de la balaca rosada detuvo su andar y cuando logró detener sus caderas le lanzó una certera pregunta a “El Pichi”, quien no pudo ocultar su extrañeza por el protagonista de esta historia.  “¿Me quieres preguntar algo?”, le dijo en tono de molestía.

El Pichi se quedó pensativo y sin pensarlo espetó: Bueno si. ¡Compa! ¿es usted del otro equipo?

Un silencio sepulcral se adueñó de la mañana, se apagó la brisa y el mar detuvo su oleaje solo para dar paso a la contundente respuesta llena de hilaridad del hombre de la balaca rosada, mientras aceleraba su paso con su indescriptible movimiento del caderamen: ¡Brujo!

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