En las madrugadas silenciosas de Santa Catalina, cuando el rocío aún abraza la tierra y el canto de los gallos anuncia la faena, nace la inspiración de Antonio María Ripoll Pardo, un hombre que ha hecho del campo su escuela y del vallenato su forma más pura de contar la vida.
Hoy, ese mismo campesino que aprendió a amar la tierra con las manos curtidas por el trabajo, vuelve a levantar su voz en el escenario más grande del folclor colombiano: el Festival de la Leyenda Vallenata, donde participa por segunda vez en la categoría de canción inédita, esta vez con una obra que lleva un título que es casi un mandato para la memoria y la tradición: “No calles trovador”.
Su regreso no es casualidad ni fortuna pasajera. Es la continuidad de un camino sembrado con paciencia, esfuerzo y amor por la cultura campesina. El año anterior, Antonio dejó su huella en el 58° Festival de la Leyenda Vallenata, cuando su canción “Sembrador de ilusiones” fue seleccionada entre 68 obras inéditas escogidas por el jurado calificador, en una edición que rindió homenaje al inolvidable Rey Vallenato Omar Geles.
Aquel logro fue el primer gran eco de una voz que venía gestándose desde hace décadas en los caminos polvorientos del norte de Bolívar. La rigurosa selección fue realizada por reconocidos expertos del género: el compositor Deimer Marín Jiménez, el compositor Enrique “Curry” Carrascal y el periodista, escritor y difusor del vallenato Edgardo Mendoza Guerra, quienes reconocieron en su obra la esencia viva del campesino costeño.
Más que una participación, aquel momento significó una declaración de identidad cultural y una muestra de que el talento que nace en los territorios merece ser acompañado y fortalecido para que siga llevando el nombre del municipio a los escenarios donde se preserva la tradición.
Hoy, un año después, Antonio vuelve a intentarlo. Y lo hace con la serenidad de quien sabe que la constancia también es una forma de cantar.
Su nueva obra, “No calles trovador”, fue seleccionada entre 65 canciones escogidas de más de 235 composiciones presentadas, un logro que para muchos compositores sería suficiente motivo de celebración. Pero para Antonio, más que un triunfo personal, es una oportunidad para que el campo vuelva a hablar a través de la música y para que su tierra siga teniendo presencia en el máximo escenario del folclor nacional.
En ese camino, el respaldo de las instituciones locales se convierte en un gesto fundamental para que las voces que nacen desde el campo puedan trascender, llevando consigo la identidad cultural de Santa Catalina y demostrando que la tradición también se cultiva cuando se apoya a quienes la representan con dignidad.
Antonio Ripoll no es un compositor de estudios ni de academias. Es un campesino en el sentido más profundo de la palabra. Nació en Santa Catalina, Bolívar, en un hogar humilde rodeado del amor de sus padres, Antonio Ripoll y Juana Pardo, y creció entre hermanos, cosechas y cantos que parecían brotar de la misma tierra.

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Su vida ha estado marcada por la perseverancia. Ha participado en festivales regionales, ha defendido el folclor con dignidad y ha mantenido viva la llama de la composición vallenata, aun sin haber tenido todavía una grabación comercial que inmortalice sus canciones en la voz de un intérprete reconocido. Pero su riqueza no está en la fama, sino en la autenticidad.
A sus 67 años, Antonio sigue escribiendo versos como quien siembra semillas: con paciencia, con fe y con la certeza de que algún día germinarán. Cada composición suya es un retrato del campesino colombiano, un canto a la tierra, a la lucha diaria y a la esperanza que se renueva con cada amanecer.
Su presencia nuevamente en el Festival de la Leyenda Vallenata, considerado el certamen más importante del vallenato en Colombia —y para muchos, del mundo—, es también un recordatorio de que la tradición no muere mientras existan hombres dispuestos a cantarla.
“No calles trovador” no es solo el título de una canción.
Es un mensaje, una súplica y una promesa.
Es la voz de un campesino que se niega a que el silencio apague la memoria del campo.
Es el eco de una tierra que todavía canta.
Y mientras Antonio Ripoll Pardo siga componiendo bajo el sol de Santa Catalina, el vallenato seguirá teniendo raíces profundas donde florecer.
Porque hay voces que nacen del corazón de la tierra…
y esas voces, simplemente, no pueden callar.
El Festival de la Leyenda Vallenata se desarrollará del 29 de abril al 2 de mayo, fechas en las que nuevamente el nombre de Santa Catalina sonará en Valledupar a través de la voz de uno de sus compositores más perseverantes.

