Cartagena volvió a estremecerse este martes con el asesinato de tres personas en distintos puntos de la ciudad: Los Caracoles, El Pozón y La Carolina. Tres vidas arrebatadas en cuestión de horas, tres familias que hoy lloran a sus seres queridos, y una ciudad que, entre el dolor y la rabia, se pregunta hacia dónde vamos.
El alcalde Dumek Turbay, en un extenso pronunciamiento publicado en la red X, respondió a quienes cuestionan su gestión con la frase: “Aquí estamos, dando la cara”. El mandatario aseguró que la Administración Distrital, en articulación con la Policía Metropolitana, trabaja 24/7 para contener la violencia. Reconoció, sin embargo, que este no es un problema exclusivo de Cartagena, sino parte de un fenómeno nacional ligado al narcotráfico y a la disputa de economías ilegales.
Turbay explicó que, cada vez que se realizan grandes incautaciones de droga en la ciudad, los cartageneros terminan pagando el precio en retaliaciones violentas. “Al día siguiente se ven las represalias en muertos, la guerra se recrudece”, advirtió en su mensaje, en el que también subrayó que Cartagena, por ser puerto y punto de tránsito hacia el norte, recibe de lleno la presión de estas mafias.
Tiene razón el alcalde en señalar que el fenómeno desborda lo local y que se necesita una política nacional más contundente. Pero mientras esas definiciones llegan desde Bogotá, lo cierto es que Cartagena vive una coyuntura crítica y la ciudadanía lo percibe en carne propia.
En las calles, la indignación se multiplica: muchos cartageneros exigen medidas extremas como la militarización para frenar el desangre. Otros piden que el presidente Gustavo Petro mire con mayor atención a Cartagena, que no se quede en la narrativa de la “Paz Total” mientras la guerra del narcotráfico cobra víctimas inocentes. Y un sentir común recorre la ciudad: la Policía debe cumplir con su deber y arrinconar a los delincuentes.
Lo que Cartagena no puede hacer es normalizar los asesinatos diarios, ni resignarse a ser simple tablero de ajedrez de bandas criminales. La capital de Bolívar requiere acciones inmediatas, mayor presencia del Gobierno Nacional, decisiones firmes del Ministerio de Defensa y un plan antidrogas que vaya más allá de la retórica.
Pero la seguridad no depende solo de las autoridades. Todos los cartageneros debemos desprendernos de las pasiones políticas y entender que la ciudad es una sola. Denunciar cualquier hecho delictivo que conozcamos es también un acto de valentía y compromiso colectivo.Solo así, unidos, Cartagena podrá empezar a cerrar el paso a la violencia que amenaza con devorarnos.