Opinión

Se destiñeron los colores

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Hoy, me parece ver a mi madre ajustando el cuello de mi camisa, que, tras tantos cepillados, perdía su color y me hacía lucir descuidado. Sus palabras resuenan en mi memoria: solía decirme, “pobre, pero limpio y almidonado”.

Algo me lleva a pensar que lo mismo está sucediendo con algunos miembros corporativos de la ciudad y del país. Después de que ciertos mencionados y gobernantes los “cepillan”, los dan vuelta para no ser descartados y tenerlos a su servicio.

Las corporaciones son fundamentales para el desarrollo de las ciudades, pero en mi experiencia, observé la falta de apoyo a proyectos e ideas por parte de algunos mandatarios. Muchos desequilibraron la democracia con burocracia y coerción, distorsionando su razón de ser y obligándonos a elaborar estrategias para ser elegidos nuevamente basándonos en promesas de alcaldes o gobernadores afines que reservarían espacios para sus seguidores incondicionales. Los opositores puros o segmentados, como comerciantes del mercado, mototaxistas, vendedores ambulantes y educadores, rara vez han triunfado.

Lo más preocupante es el rumor de que algunos utilizan a los investigadores, judicializan e imponen penas para enderezar la rueda que se desvía en sus propósitos. Muchos capos y funcionarios sin alma o conciencia se prestan para ese juego. Como no hay factura que no se venza ni deuda que no se pague, quienes creemos en la vida eterna sabemos que llegarán al juicio o, en su defecto, cuando condenen injusta o justamente a un funcionario valiente y conocedor del infierno cotidiano, pedirá el principio de oportunidad y revelará la verdad por el bien de la ciudad. En última instancia, podríamos decir que hoy buscamos partidos que ofrezcan garantías de éxito numérico o económico, convirtiéndonos en militantes cínicos de partidos que han perdido su esplendor.

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